domingo, 10 de marzo de 2013

Lenguaje político

¿Odias a quienes no respetan el territorio de los pueblos indígenas? ¿Añoras la sociedad culta de antes? ¿Detestas la corrupción moral de la sociedad? ¿Sientes que la sociedad está en tu contra? ¿Estás cansado de la explotación al obrero? ¿Repudias la intervención de empresas extranjeras en tu patria? ¿Estás harto de que los políticos no hagan nada por la pobreza, de que haya gente con grandes cantidades de dinero mientras pisotean los derechos de las clases bajas?  Eso, señores, no se llama capitalismo. Hoy los que juegan con el lenguaje han rebautizado a la explotación para destruir a su enemigo. 

El lenguaje político solo tiene por fin cautivar y ganar adeptos. Al decir de Orwell, "está diseñado para que las mentiras parezcan verdades [Chávez, el héroe] y el asesinato respetable [Ché], y para dar una apariencia de solidez al mero viento ["tenemos el apoyo del pueblo"]".

Y es que esta arma de doble filo, principalmente de izquierda (el ala sentimental), entrampa hasta el fundamentalismo, encaminándolos a profesar aquel dogma que tanto daño causó a la humanidad en el siglo XX (hoy ningún social pretende llamarse de derecha). 
Su efectividad radica en apelar al corazón. ¡Quién no se conmueve con el discurso clásico, tan reciclado de la contradicción entre ricos y pobres! Y, quizá, todos caímos alguna vez. Algunos, hasta el extremo de perder el discernimiento y repetir como una grabadora todo lo que les fue introducido en algún momento, por algún lugar, terminaron con la vida de tantas personas, sin importar su condición o procedencia, a pesar de que eran aquellas personas que juraban defender.

Ejemplo: le decimos, respaldados por nuestra autoridad e intelectualidad ganadas por la experiencia, a un grupo de jóvenes curiosos que los corruptos del congreso lo son por el poder mental de manipulación del capitalismo. Les decimos también que cuando una empresa genera un daño ambiental, se llama capitalismo. Y, por último, que cuando alguien discrimina racial o sexualmente, se llama capitalismo. ¿Resultado?, expropiaciones, persecuciones y asesinatos.

No pretendo descalificar a la gente que se considere de izquierda. Aquí escribo con el objetivo de denunciar esa manera sucia de hacer política, la maraña en la que caen a diario jóvenes en las universidades y niños en el colegio, al grado de cometer crímenes; a esos ideólogos, profesores, políticos que muestran una sola cara de la moneda y  atacan la otra, no con argumentos válidos, sino construyendo historias para desacreditarla y dejarla en el suelo, cambiando el significado de las palabras, de nombre a las cosas, las fechas y las personas.

Desde mi óptica, si tuvieran la razón por delante, hace mucho que no existirían.

martes, 5 de febrero de 2013

¡Friedman, go home!

...Gritaba algún joven exaltado en la ceremonia del premio Nobel de economía, por 1976. Época dura, seguían de pie los colectivistas, aún eran tomados en cuenta mediante la razón y no solo con el corazón (como hoy). Milton Friedman conocía la amenaza de los ingenieros sociales, era consciente de que una gigantesca sábana roja era capaz de cubrir el mundo hasta que quede dormido. Él supo enfrentarlos, les dijo lo que no querían oír, puso de cabeza sus argumentos. En fin, sabiendo que estaban organizados, sin temor, como un verdadero revolucionario, actuó siempre en defensa de la libertad.

Hoy conocen a Friedman como aquel desgraciado que impuso el "neoliberalismo" con la fría y calculadora Escuela de Chicago, esparciéndose cual plaga por el mundo, especialmente por Chile, donde trabajó codo a codo con Augusto Pinochet (no olviden que también fue a China, donde no existía ni existe libertad). 

¿Porqué? ¿Cómo empezó la campaña para desacreditar a Friedman? Quizás nunca lo sabremos. Algo que es seguro, la izquierda más primitiva siempre verá a quién ganó en nombre del Capitalismo y la Libertad como un enemigo. Así ven a Milton Friedman.

El economista, siguiendo la línea de Von Mises y Hayek, demostró los beneficios de la iniciativa privada, de como ésta funciona mejor que la burocracia rentista y parca del Estado.Ejemplo de esto es el capitulo "¿Qué pasa con nuestras escuelas?" de la conocida serie de televisión "Libertad para elegir", compuesta de diez capítulos, que conducía junto con su esposa Rose Friedman (co-autora de "Two Lucky People").
Así, también, denostó como el libre mercado es indispensable y no es contrario a la libertad. La libertad en sí misma no puede ser sin la libertad económica. Ambas, libertad política y libertad económica, han estado juntas en las sociedades más prosperas. "La historia sugiere que el capilasimo (entiéndase libre mercado) es una condición necesaria para la libertad política". Agregó a esto que, muchas veces, es la misma libertad política la que destruye a su hermana. La relación entre ambas tiene que ser como una conversación amistosa entre Thomas Jefferson y Adam Smith.

Resulta gracioso leer y releer toda la sarta de vituperios lanzados contra Friedman y su apoyo al régimen autoritario chileno. ¡Si el era un liberal que solo estuvo seis días en Chile para dar conferencias en instituciones privadas sin ningún respaldo del gobierno y fueron, finalmente, tan solo 45 minutos los que pasó con el dictador! Habría que informarse antes de afirmar que fue su asesor.Por favor profesores universitarios, no engañen a los jóvenes con "La Doctrina del Shock" o los artículos de Nelson Manrique en La República.

Hacer hincapié en el tema más importante de Friedman, la libertad para tomar decisiones, no es poco relevante para este artículo. El estaba convencido de que las personas son capaces de decidir por sí mismas (no las presumía torpes como los colectivistas), sin el coaccionar del Estado, este obeso monstruo que quiere hacerse pasar como un Dios omnipotente capaz de conocer las preferencias y necesidades de las personas. Es el individuo quien decide, es el quien sabe lo que necesita. De ahí que el libre mercado es fundamental, porque permite a cada uno (uno y no la sociedad) elegir según su conveniencia, velar por sus intereses, ser egoísta, ser libre. Así que pretender ser liberal político y no económico es como tratar de ser hombre con una criatura en el vientre. Es por Friedman que puedo decirme capitalista.

Como este artículo ya se han escrito muchos más, pero es importante tomar la posta y competir contra los millones de libros, artículos y documentos escritos con tinta roja que circulan en las librerías y la web.

¿Cuál es el legado de Friedman Stevens? Quizás nunca entenderé su teoría monetaria más compleja y sus variadas contribuciones en el campo de la economía más avanzada, pero algo de lo que no hay duda, y puedo afirmar que es su más grande legado, es su lucha por la causa más hermosa: Libertad.